Encontrando las Palabras: Una Curación en Cuento

Yo fui criada en una familia grande y hermosa en Chatsworth, California. Mi familia no solo consistía de mi mama, papa, hermano, y yo. Tías, tíos, primos y hasta nuestros amigos cercanos eran integrados en la tela de nuestra familia.  Rodeada por mi familia, no encontraba límites a las posibilidades disponibles para mí. No conocía las consecuencias, y pensaba que mi familia siempre me iba a proteger de la “gente mala” en este mundo.

No me acuerdo cuantos años tenía yo cuando mi tío se vino a vivir con nosotros. El acababa de llegar a California desde México, y aunque nuestro pequeño apartamento de  solo una habitación ya estaba lleno con mis padres y mi hermano, fue decidido que mi tío llegaría a quedarse con nosotros, en nuestra sala. Me acuerdo que él era suficientemente agradable. Yo tenía aproximadamente 8 o 9 años, él tenía como 20 años de edad, y le gustaba jugar con migo y mis hermanos. Como era niña, eso es todo lo que necesitaba para confiar en él.

“Suficientemente agradable” no duro mucho tiempo. Encontré a mi tío y sus amigos mirando pornografía en nuestra sala. Luego,  el empezó a entrar a mi cuarto a mirar mientras me cambiaba de   ropa. Me  tocaba “por accidenté” cuando jugábamos. Y cuando sus toques empezaron a ser más agresivos, decía que el “sabía que yo lo quería.”

Empecé a defenderme, hasta lo que podía defenderme contra un hombre de 20 años. Empecé por decirle que le iba a contar a mi mama, pero mi tío dijo que me iba acusar de ser una mentirosa, o que yo me iba a poner en problemas porque yo era la que estaba causando el abuso. Entonces, empecé a pelear de vuelta, por lo menos lo que yo consideraba pelear para defenderme. Lo ignoraba, le pegaba, y lo insultaba para que me deje en paz.

Me acuerdo que un Sábado  mi mama entro a mi habitación temprano por la mañana, preguntando si quería ir a la tienda con ella. Todavía estaba un poco dormida, así que le dije que no. Tan pronto como se fue mi mama, mi tío entro a mi habitación. Me dijo que él sabía que yo no estaba dormida. Me dijo que el sabia porque me había quedado en la casa, y antes de darme la oportunidad de responder, empezó a tocarme. Yo le di una patada y empecé a insultarlo. Le dije que me deje en paz y que si no le iba a contar a mi mama, y él se rio y se fue de mi habitación. Creo que el noto un cambio en mi manera de ser; sabía que yo iba a contar.

Al principio, nunca conté como me toco, y no dije como me dolió. Nunca le conté a mi mama lo tan confundida que estaba. No le podía contar a mi papa…él era mi papa, y me daba miedo contarle a mi mama. Siendo una niña, no tenía las palabras para defenderme.

Lo sorprendente era que mi tío nunca uso fuerza, y nunca fue agresivo. Yo pensaba que cuando la gente mala quería hacerte daño, ellos te forzaban a hacer cosas que no querías hacer. Pensaba que la gente mala salta de los arbustos para asustarnos, que usan fuerza, que gritan. Mi tío no hizo ninguna de estas cosas, y yo no sabía que pensar ¿Sería mi culpa? ¿Sera que de verdad yo quiero que me hagan esto? ¿Porque nadie más se da cuenta de lo que está pasando? Por estas cosas me llenaba de rencor y me retraía. Odiaba a todas las personal alrededor mío, y me odiaba a mí misma.

El abuso siguió por aproximadamente un año. Un día, mientras me estaban reprimando por pelear con mi tío—me puse histérica. Le conté a mi mama que él me había tocado. Mi mama se puso en shock. “¿Cómo te toco?” me pregunto. Yo sabía que ella estaba lastimada; y ella no se dio cuenta que yo tenía miedo. Por alguna razón yo no pude admitir to que estaba pasando, no podía explicar todo y por eso solo de dije que mi tío me había tocado “allá abajo.” Mi mama no supo que hacer, así que boto a mi tío de nuestra casa. Creo que nunca le conto a mi papa.

Mi tío se fue a vivir con mi tía, quien vivía al frente de nuestro apartamento en el mismo edificio, no más lejos de 30 pasos de mi casa. Yo lo veía todo el tiempo: Caminando a recoger el correo, jugando con mis amigos, en los juntes familiares. Él siempre me miraba y sonreía. Hasta tuvo  el descaro de pedir que yo le traiga cosas, que yo sea su sirvienta. Esa era so manera de mantener su poder sobre mí.

Mi furia siguió creciendo. Yo odiaba a todo el mundo. Pensaba que yo era inútil, fea. No confiaba en nadie, convirtiéndome en una persona reservada y enojada. Al crecer no tenía autoestima. Y pensaba que mi voz no tenía valor. No podía defenderme. Tenía miedo a todo, tuve ataques de ansiedad y era muy reservada para tener amistades. No quería tener amigos, solo quería ser querida; Estaba desesperada por ser querida. Era una adolescente miserable y deprimida.

No le hecho culpa a mi mama por no llamar a la policía. Yo era muy niña y no sabía comunicar lo que me estaba pasando—Simplemente no tenía las palabras para describir el abuso. Yo creo que esta situación también fue muy difícil para mí mama. ¿Cómo pudo hacer esto su hermanito menor, al que ella misma había ayudado a criar? Como una familia Latina tradicional, no hablábamos respecto al sexo sano, y definitivamente no conversábamos respecto al abuso. Hay  tantas partes magnificas del ser Latino: La familia, la unidad, el estar presente el uno para el otro. A mí me enseñaron todas estas cosas desde que era niña. Yo respetaba a los adultos, escuchaba, no discutía, y era vista pero no siempre oída. A mí me enseñaron que la familia no te puede hacer daño; al contrario, la familia siempre estaba a tu lado. Nunca, jamás hablábamos respecto al sexo, excepto para decir que es una cosa terrible a no ser que estés casada. Lo que yo aprendí es que si yo era parte de algo terrible, entonces yo también era una persona terrible.

Ha sido un camino largo, pero finalmente siento que yo merezco ser feliz. Me ha tomado todo este tiempo para realmente empezar a defenderme a mí misma. Algunas veces todavía puedo oír esa voz diciéndome que soy esa misma inútil miedosa niña de 8 años. Pero ahora por fin he aprendido a silenciar esa voz. Aprendí a usar mi propia voz.

Ahora tengo a mi propia hija. Y me aseguro de conversar con ella respecto al sexo, respecto a cómo se puede y no se puede tocar a las personal. No me arrepiento de mi vida, pero si me arrepiento del camino que tuve que tomar para llegar aquí. Y no quiero lo mismo para mi hija. Mis experiencias guían mi pasión por trabajar con personas que también han sido víctimas del abuso sexual. En la cultural Latina,  no hablamos respecto al sexo y el abuso. Mi objetivó es abrir las puertas para este tipo de conversaciones. Nadie debe de sufrir en silencio como yo lo hice.

Si tú o alguien que conoces están siendo forzados hacer cosas que no quiere hacer, por favor no tenga miedo en buscar ayuda. Si algún niño no parece estar bien, si esta temperamental, lejano, o actuando rebelde, conversa con el respecto a lo que está sintiendo y pregúntale porque se está comportando en esa manera. Una conversación puede mejorar todo.

Deisy Madrigal es la directora del programa para la iniciativa de alimentación saludable del Centro Hispano llamado Comprando Rico y Sano. Deisy tiene una pasión en conectar la comunidad Latina con recursos para mejorar su vida en las áreas de salud mental, alimentación saludable, educación temprana, recursos de inmigración, e igualdad de género. Actualmente vive en Grand Rapids, Michigan con su esposo, hija, y perro “Pepe.”